16 nov. 2009

Camino a la fama (primer acto)


Es Miércoles 31 de agosto de 1994. Es invierno y ha estado lloviendo sobre la ciudad de Buenos Aires. La gente camina por la calle abrigada hasta las orejas.
La entrada que usan los diputados para acceder al edificio del Congreso de la Nación, que ya entrados los años noventas le queda poco y nada de honorable, hace tiempo que se encuentra vallada.
Los barrotes son altos y fuertes y están preparados para resistir mil embates.
Aldo Rico, el mismo que conspirara contra la democracia años antes, hoy es diputado y se dirige hacia su lugar de trabajo.
Como todos los Miércoles, Norma Plá encabeza la marcha de los jubilados, que también se dirige al Congreso.
Cuando el ex carapintada llega, ya están los manifestantes con sus consignas en la garganta y en las pancartas. Aldo Rico, baja del auto que lo trae y se acerca a la puerta del cerco que encierra al
edificio.
Una llovizna fina está cayendo sobre Buenos Aires, pero su piloto beige lo protege sin problemas.
Una fuerte lluvia de insultos, reclamos y reproches cae sobre su conciencia, quien sabe si esta tendrá un buen paraguas o un piloto para ponerse a resguardo.
Cuando el ahora Diputado de la Nación logra desprenderse del tumulto e ingresar unos pasos hacia dentro del cerco, no advierte que alguien lo sigue. Está cruzando un gran charco, no le queda otra, es tan grande que no hay forma de rodearlo.
Su perseguidor no parece un jubilado, mas bien parece tener unos cuarenta o cuarenta y cinco años. El hombre se acerca más, hasta alcanzarlo. Con intención de increparlo, le dice algo y lo empuja.
Rico, que lleva una bolsa en la mano, pierde la estabilidad y por no soltarla, cae, de boca.
Al levantarse queda a descubierto la cruda realidad: el traje manchado, los papeles desparramados y sus dos grandes dientes incisivos centrales , esos que le completan la sonrisa, esos que estaban separados unos milímetros uno del otro, esos, ya no están en su boca, sino perdidos entre los papeles en el piso mojado.
El hombre, humillado, recoge rápidamente sus cosas, insulta y desaparece dentro del edificio.
Su verdugo, en cambio, vuelve sonriente y festejado hacia donde había salido.
Se llama Raul Castells, esta es la primera vez que los medios mencionan ese nombre.
Momentos después declara, que no tiene ambiciones políticas y que solo viene a colaborar con los abuelos.

Adenda: Después de casi 7 años de haber publicado esto me encuentro con el video de ese momento, el cual busqué bastante pero en aquella época no estaba publicado, acá está: https://youtu.be/CUZTZ6tqGzE

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