18 ene. 2008

Lejos...


Rodeado de montañas, en un pequeño valle por el que se retuercen dos riachos. Lejos, muy lejos está del ruido, muy lejos, de la agitación y la tensión.
Lejos está, también, de la ostentación y el consumismo, casi no hay marcas ni publicidades.
Varias leguas lo alejan de la carretera, donde la velocidad casi no da tiempo de ver un oxidado cartel, que indica el desvío hacia su entrada.
Una vez recorrido el camino de acceso y llegado al pueblo, el asfalto termina y comienza la tierra. En ese punto, en esa línea imaginaria que se cruza casi sin pensar, sin saber, el progreso termina y comienza la naturaleza, la vida natural, como la vida misma es. Así de simple y así de complejo.
Casi todo lo público ocurre en torno a la plaza central. De tierra sus senderos, se parece mas un gran jardín un poco descuidado que la plaza del pueblo. A la sombra de un molle varias veces centenario, un monolito de piedra rinde homenaje a un cacique reclamó y recuperó tierras para su gente. Hay dos o tres restaurantes que se conocen mas por el nombre de sus dueños que por el letrero que cuelga en la puerta.
Todo ocurre en cámara lenta o 'a su tiempo' como explica cualquiera con quien se cruce algunas palabras.
La noche es noche, esto es bien conocido en cualquier parte del mundo, y es comprobado a diario por quien quiera que sea en donde quiera que esté; pero aquí es un poco distinto.
La noche es noche, por eso se respeta su silencio y su oscuridad. Tal es así que, nadie hace ruidos cuando cayó el sol y no se hiere la negrura con sistemas de alumbrado público, más que en unos poquitos puntos de referencia..., Siga derecho y cuando encuentre la luz, doble a la izquierda, es la segunda casa; la que tiene los duendes en el frente, dice un hombre que camina con su linterna bajo el salpicón de estrellas.
Otro viene en bicicleta por una angosta calle y un auto con turistas se hace a un costado para dejarle pasar. No dice gracias; Muy bien, como corresponde!! dice amablemente, y sigue su camino.
Aquí no está bien visto cruzar a alguien sin saludarle, o hacer mas ruido del necesario o cambiar de lugar algo que la naturaleza acomodó quien sabe cuando y por qué.
La vida transcurre en calma. Sin correo, ni estaciones de servicio, ni bancos, lo que más importa es si el sol al esconderse refleja nubes rojizas prediciendo buen clima para el día siguiente o si la luna entro en lluvias, lo que implica algunos días con tormentas.
Este relato no es fruto de fantasías oníricas, ni de sentimientos de esperanza...
El lugar realmente existe en Argentina.
Su búsqueda, ha sido para mí, tan fascinante como su hallazgo.

3 comentarios:

Rodrigo dijo...

Hey Rampo... será que esta cidade não é perto de Horizontina? jejejeje

Saludos Canalla.

Germán Rampo dijo...

E aí Rodrigo!!
como está?
e muito (mais muito, muito em todo sentido) longe de Horizontina!!! jajaja
Abraço para você e para o Rafael
GERMAN

Isis dijo...

¡¡ Te dije que nos fueramos a vivir alli !!